Había una vez un profesor muy especial del que se decía
que siempre estaba lleno de vitalidad y alegría de vivir.
Tenía el don de entablar relación con todo el que conocía,
se interesaba por todo, se tomaba interés, hacía preguntas y
hablaba claro y directo.
También tenía una extraña costumbre, se
iba por su cuenta a dar un paseo por el bosque, y tras
encontrar un gran árbol para sentarse, permanecía allí, sin su
habitual sonrisa. Sencillamente se sentaba allí y descansaba.
Un día, mientras estaba sentado solo bajo un gran árbol, se
le acercó uno de sus estudiantes que no conocía las
costumbres del maestro.
”Maestro”, dijo el estudiante “perdona que te moleste, pero tengo una curiosidad. ¿Por qué estás sentado aquí solo y sin tu habitual sonrisa de felicidad?”
“Es una pregunta importante”, respondió el maestro.
“Es uno de mis mayores secretos. Me estoy preparando”.
“¿Preparando?” preguntó el estudiante perplejo. ¿Qué quieres decir?
El profesor sonrió y explicó:
“Para seguir siendo feliz y poder seguir disfrutando de mí
mismo y tener la capacidad para asumir todo lo que experimento, a veces necesito tomar un descanso de la vida.
Por eso me voy solo, y consigo tiempo para dedicarme a mí
mismo, para ofrecer a mis baterías la oportunidad de
recargarse...
Esta es la historia de Nando, uno de los sobrevivientes del accidente aéreo del avión uruguayo que se estrello en la Cordillera de Los Andes en 1972, estas son las lecciones de vida de aquélla experiencia., contada por uno de sus protagonistas en una entrevista el año 2001...
Fernando Parrado es uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia aérea de los Andes, en 1972. El dijo:
"La lección más grande para mí tuvo que ver, sobre todo, con la toma de decisiones"…
"Si tomo la decisión equivocada tengo tiempo de corregirla", dice Parrado. "Es fundamentalmente mejor decidir y equivocarse que no decidir, porque hay tiempo de volver atrás".
Sin saberlo, en la mitad de la nada, Nando aprendió una lección fundamental en la vida: el mayor de todos los riesgos es decidir no tomar riesgos. Nada más peligroso que el status quo.
Lección número dos: los líderes no nacen, se hacen. Y se hacen con acciones..."Los líderes son personas normales que tienen acciones estupendas o extraordinarias en circunstancias difíciles”…. En otras palabras, los líderes son quienes logran resultados, quienes consiguen hacer lo que se proponen.
Pero no hay líderes sin equipo.
Al contrario, los verdaderos líderes son aquellos que pueden trabajar en equipo y dejan trabajar, dejan que cada uno de los miembros aporte sus experiencias para hacer funcionar al equipo como un todo. "Fuimos todos solidarios, poco egoístas, que es muy importante. Nunca fuimos tan buenos (trabajando en equipo) como (en los Andes)", dice Nando.
Tercera gran lección: la del trabajo en equipo. Solamente haciendo las cosas juntos, coordinadamente, se logran resultados. Hay muy pocas personas capaces de lograr resultados excepcionales, pero hay equipos capaces de generar resultados excepcionales. El hecho de que Nando Parrado esté vivo es prueba fehaciente de ello. Nadie hubiese sobrevivido ese accidente si hubiese estado solo.
Un equipo, sin embargo, no funciona porque sí. Necesita tener objetivos. De nada sirve tener el mejor grupo de gente, el más coordinado, el que mejor ejecute, si no saben para dónde van. Y para ello, el objetivo, además de único, debe ser común. Todos los miembros del equipo deben estar totalmente convencidos de ese objetivo, de que lo van a alcanzar, de que lo van a lograr. "El objetivo nuestro era sobrevivir…
todo el instinto, toda la fuerza, la inteligencia, el trabajo en equipo, se puso en un solo objetivo: salir de ahí por nosotros mismos (porque oímos por la radio que nadie nos iba a rescatar)... ahora dependía de nosotros vivir"!!!
A los dos días de haber hablado con Punto-com, Nando Parrado contó su historia ante un auditorio de 15.000 personas en el centro de convenciones de San Francisco. Cuando terminó, los espectadores, que habían escuchado boquiabiertos y en silencio su travesía, se pusieron de pie y lo aplaudieron durante cinco minutos, por su valentía, coraje y determinación.
Y, sobre todo, por su más importante lección. "Hoy sé definir muy bien cuáles son las cosas importantes y cuáles no. A mí me gustan los negocios, quiero ser exitoso, siempre y cuando lo demás esté en su lugar. No podemos negar hoy que lo más importante es la familia. El 100 por ciento de los que estaban en los Andes querían volver a su familia, no a sus contratos, sus estudios, su dinero. Quemamos todo el dinero que había en el avión (7.000 dólares en billetes), lo quemamos por un poco de calor. O sea que el dinero es importante siempre y cuando lo otro caiga en su justo lugar. Prefiero una familia exitosa que un negocio exitoso".
Ese es Nando. Y esas son parte de sus lecciones de vida.
Lecciones de Vida, esta es una historia anónima, ocurrió en uno de los distritos limeños más pujantes de la capital peruana, puede ser la historia de cualquier joven que anhela ser profesional, especialmente si es mujer de una familia de escasos recursos económicos que no se amilanó frente a esas circunstancias, que persistió en su sueño a pesar del transcurso del tiempo y lo logró en un ambiente predominantemente machista, la construcción, ella se hizo operaria de edificaciones. A continuación la historia contada por ella que en la foto está acompañada por sus compañeros.
"Vivo en Villa El Salvador desde que se fundó. Mi madre era empleada del hogar (oficio que nos enseño desde temprana edad). Ella me dio el regalo más valioso: mi educación escolar. Esa fue la base que me sirvió para convertirme en la única profesional de la familia.
Terminando el colegio me dediqué a la venta ambulatoria de chicha de jora. Con lo que ganaba apoyaba a mi madre. A los 19 años decidí hacer el servicio militar voluntario en el ejército en pos de mejorar mi calidad de vida. Pero la necesidad me volcó de nuevo a trabajar.
Hace ocho años realicé mi último trabajo ocasional: fotocopista. Trabajé frente a la Facultad de Derecho de la USMP en La Molina. Durante 8 años veía cómo ingresaban personas mayores a estudiar, y eso me entusiasmó para darle un vuelco a mi vida. Decidí dejarlo todo después de 8 años y realizar mi sueño de ser profesional.
¡Wau! Comenzar a estudiar a mi edad –pensaba-. Medité qué carrera se adaptaba a mi perfil. Finalmente elegí el rubro de la construcción, por ser una especialidad donde se puede rotar.
Al año siguiente, con mis 37 años acuestas, ingresé a SENCICO, a la especialidad de Edificaciones. Mis compañeros de salón promediaban los 22 años. Eso no me amilanó, competí con ellos de igual a igual. Logré ubicarme en el tercio superior durante 3 semestres. Estudiaba por las madrugadas poniéndole todo mi empeño.
Mi carrera era financiada fruto de 8 años de ahorro.
A medida que avanzaba mis estudios, llevé cursos y capacitaciones, incluso un diplomado referente a mi especialidad.
Finalmente después de mucho esfuerzo logré graduarme como Técnica en Edificaciones. Con mi título bajo el brazo empecé a buscar trabajo, repartiendo mi CV a distintas empresas sin respuesta alguna.
Un día me llamaron de una empresa para hacerme una entrevista. Quedé contratada. Hoy estoy trabajando en una de las mejores empresas consolidadas en el Perú y en el extranjero.
A través de esta historia quiero decirles a muchas mujeres y madres que nunca es tarde para estudiar y que sí se pueden cumplir los sueños."
Esta es la historia de la Comunidad de Niños Sagrada Familia contada por uno de los hijos de su fundador Miguel Rodriguez Candia. Corría la década del 80 y un acontecimiento cambió la vida de Miguel, en medio del dolor le permitió dar una mirada diferente a la situación en que vivían los niños de la calle y se propuso crear y construir una Comunidad que alberga y presta apoyo a los niños olvidados, cuidándolos, alimentaándolos y protegiéndolos del alto riesgo que significa vivir en las calles de la ciudad limeña.
Para los amigos de Caminos de Vida la historia en textos y video de esta obra de amor.
Tenía cuatro años. Mi segundo hermano nació y con él nuestra vida tomaría un nuevo rumbo. En su corta estadía, nos enseñó a valorar la vida y lo que es realmente esencial. Juan Miguel nació con un problema cardiaco que apagaría su vida a los seis meses de nacido. Aún recuerdo el dolor de mis padres, sus largos silencios, su impotencia, su rabia, ese vacío en sus ojos que creían no se volvería a llenar. La partida de Juan Miguel nos abrió los ojos a todos y gracias a ello descubrimos cosas nuevas.
Mi padre el día que falleció mi hermano, observó la necesidad y miseria de muchos niños en la calle. Asumió el compromiso de brindarles una mejor calidad de vida a unos pequeños apostados en la Plaza San Martín. En un principio en la camioneta de mi papá nos llevamos a 8 niños. Ya no éramos 5 en la familia. Ese día éramos 13 y con el paso de los días seríamos mucho más.
Al ser una familia numerosa, tuvimos que mudarnos a otro lugar. Mi padre vendió todo lo que tenía y compró un terreno en el kilómetro 35 y medio de la Panamericana Norte, Ventanilla. Su profesión de psicoterapeuta la fue dejando de lado para darle forma a este proyecto que nació hace 21 años.
Junto con mis nuevos veintitantos hermanos, construimos una casita de madera que nos pudiera albergar. Muy pronto tuvimos que ampliar el lugar donde estábamos porque seguían llegando nuevos miembros de la familia. Mi padre nos enseñó lo bello que es dar y ser agradecido con lo que se recibía. Mis hermanos (2 de padre y madre) y los hermanos que llegaban eran recibidos con los brazos abiertos.
Mis padres perdieron un hijo, no por falta de dinero ni de amor. A mi padre eso se le quedó muy grabado, al ver que había niños que se morían por falta de amor y cuidados, dejados a su suerte en la calle. Apoyado por mi madre se propuso darles una mejor calidad de vida a los niños que recogía o llegaban al albergue.
Un sueño y mucho amor era lo que les daba fuerza para seguir adelante con su obra. Cientos de niños, cada uno con una historia por escribir, pasaron por el albergue.
Las paredes seguían creciendo y el albergue “Comunidad de Niños Sagrada Familia” se hizo más grande. Actualmente son 850 niños. Aquí mis padres les enseñaron a leer, les prodigaron los mismos valores con los que crecí junto a mis 2 hermanos de sangre.
Los talleres que se construyeron con mucho esfuerzo (panadería, carpintería, música, costura, cerámica, danza y teatro) sirvieron para enseñarles un oficio y para que ayuden a mantener a sus otros hermanos.
El tiempo que les fue concedido a mis padres lo han sabido aprovechar. Tengo veinticinco años ahora. Crecí con cientos de hermanos y pronto traeré a este mundo a una nueva vida que procuraré aprenda los valores inculcados por sus abuelos. No hay nada más valioso que vivir la vida haciendo un buen uso del tiempo.
Mis padres siempre dicen que no hay que preocuparse pues con tiempo y esfuerzo todo se puede lograr. Miguel Rodríguez mi padre es prueba viviente de ello. El amor y apoyo incondicional de mi madre es su combustible para construir pieza a pieza su sueño.
El amor y la fe todo lo pueden. Para atender las necesidades médicas de los niños, gracias a donaciones y dinero ahorrado de los talleres, se construyó la “Clínica Madre Coraje”. Para educar los hombres y mujeres del mañana construyeron el colegio “Madre Coraje”. Ambas instituciones están al servicio de mis hermanos y de la comunidad.
Mis padres me enseñaron a ayudar, a no discriminar, a ganarme cada cosa que he conseguido en mi vida, a perseguir mis sueños, a no desperdiciar mi tiempo y mis energías, pero la mejor enseñanza que me dejaron es: ser feliz.
Esta es la historia del descubrimiento de un tesoro, a veces no queremos ver lo que a nuestra simple vista está presente, a veces no queremos reconocer nuestros valores, esta es la historia del caballo peruano de paso...un tesoro escondido. Para los amigos de Caminos de Vida presentamos la historia contada por Luís Carlos Vasallo Rubiños especialista en equinoterapia, aunque es más que eso, es el descubridor de las bonsades terapéuticas del Caballo de Paso.
Durante toda mi vida, lejos de las competencias, volqué mi pasión por los caballos. De manera muy especial por el Caballo Peruano de Paso, basándome en la comunicación, la conexión, el respeto y la amistad.
Los caballos siempre fueron mis educadores emocionales y me mostraron cosas realmente maravillosas. Descubrí que esta magia iba mucho más allá que cabalgar y sentirme feliz.
Al terminar mi carrera como ingeniero industrial, en la Universidad Privada del Norte, estaba convencido de enfrentar mi compromiso de vivir de acuerdo a mis convicciones, y de identificarme plenamente con la labor que realizaba; pero un fuerte impulso en mi corazón me llevó a dejar todo y apostar por mi sueño, por hacer con mi tiempo lo que realmente quería, un proyecto de sensibilidad y amor al prójimo: la equinoterapia. Fue entonces cuando, desafiando a mi destino, viajé por varios países del mundo, para conocer y estudiar acerca de esta hermosa actividad con otras razas caballares.
La etología y la equitación natural influyeron mucho en este compromiso de amor, entrega y lucha. Empecé en Argentina y recuerdo que, ante mis ojos, no podía creer lo que había presenciado. Era un muchacho en silla de ruedas que, por sus limitaciones, no parecía que pudiera montar un caballo; más aún, pasar diferentes obstáculos y saltar una valla de 70 cm. Cuando lo vi, quedé impresionado: levantó la cabeza, abrió los ojos, elevó su espíritu y logró lo imposible. Cada centímetro del picadero era conquistado por él.
Su espíritu me atrapó y me enseñó que uno podía alcanzar sus sueños, realizando plenamente todas y cada una de sus potencialidades. Esa misma tarde le pregunté: ¿Cómo lo lograste? Y entre balbuceos, él me respondió: Tengo 17 años en esto y después de mucho practicar, lo he conseguido.
En ese momento entendí que me correspondía darle continuidad a este ejemplo de esfuerzo y perseverancia en mi vida personal, para lograr construir mis sueños.
Asistí a diferentes congresos internacionales. ¿Cuál fue mi sorpresa?: descubrí que muchos científicos y estudiosos dedicados a la equinoterapia no consideraban al Caballo Peruano de Paso idóneo para esta rehabilitación ecuestre, debido al carácter funcional de su andadura (desplazamiento único, y distinto, al de todas las razas caballares del mundo).
Es allí donde comenzó mi aventura. Tenía una misión histórica que cumplir: rescatar a nuestro caballo del enigmático horizonte en que se encontraba, desde la década de los años 70, incorporándolo a la labor terapéutica.
Hoy, después de 6 años de investigación y de un arduo seguimiento y desarrollo de la equinoterapia con el Caballo Peruano de Paso, mi proyecto Andares lleva a la revelación de esta joya ecuestre al mundo. Niños con Parálisis Cerebral, que no podían caminar, caminan. Niños con Síndrome de Down, que no podían comprender, comprenden. Y niños con Autismo, que no podían hablar ni sociabilizarse, se comunican. Todos ellos han mejorado, con el apoyo de nuestro caballo, su desarrollo personal y elevado su calidad de vida.
Fueron estos resultados los que me inspiraron para escribir un libro: De Paso Prodigioso – Equinoterapia en el Perú. Tuve como base el fruto de mis observaciones y de mis experiencias personales; lo cual me llevó a efectuar breves consideraciones, destinadas a evitar el error o la confusión en ciertos aspectos relacionados con nuestro noble compañero, aspectos que no habían sido esclarecidos por no existir bibliografía alguna. Luego comencé la venta de mi libro, teniendo la certeza de que, con su venta, lograría construir el primer Centro de Equinoterapia con Caballos Peruanos de Paso, en el Perú y en el Mundo. ¡Ya lo logré…!
Jamás pensé que podría participar en la I Reunión Latinoamericana de Equinoterapia realizada en Cuba, donde mi contribución y apoyo a los temas discutidos, fueron un valioso aporte para el trabajo futuro. Asimismo, estar en Europa exponiendo en torno a las bondades de nuestro hidalgo ejemplar; el porqué y el cómo éste aceleraba el proceso de rehabilitación en niños con problemas motores, sensoriales y cognitivos.
Ya conquisté lo que parecía ser un imposible. Hacerlo me emociona; pero la realización de mis sueños aún recién comienza. Apenas nos conocen en algunos países del mundo, como también lo es en el Perú. El destino de nuestro caballo en la equinoterapia es universal.
Soy un idealista, y mi historia y mi vida me han dado varias y buenas razones para luchar a través de mi participación activa, por los más desfavorecidos y los menos preparados, sembrando esperanzas y forjando un nuevo amanecer para ellos con nuestro Caballo Peruano Paso. Por eso, soy un convencido de que, gracias a la equinoterapia, nuestro noble equino nos puede ofrecer la mayor riqueza, y revelar entre manos un tesoro escondido que nunca antes había sido conocido, con sus andares dinámicos, su incomparable movimiento multidimensional, su estatura moderada, su temperamento estable y su personalidad fiable; como un extraordinario caballo de terapia.
Habrá muchas razas, pero me quedaré siempre con la nuestra. No sólo porque representa una nueva revolución en la equinoterapia, sino porque también nos identifica con las costumbres y tradiciones de nuestro país.
El secreto de la felicidad no está en hacer lo que se quiere, sino en poner el corazón siempre en lo que se hace. Es por eso que como soñador incorregible, sigo viviendo apasionadamente la realización de mis sueños, con los pies en la Tierra y mi corazón en las estrellas. Ahora, más que nunca, porque comprendo el significado del amor en compañía de mis caballos.
Esta es la historia de un hombre valiente que supo reconocer a su tiempo que las principales batallas se daban en él mismo, con su propio diálogo interno, él se dio cuenta que para tener éxito necesitaba ser consciente de esta batalla interna y hacer lo necesario para ganarla, esta es la historia de César Augusto, "nadador de aguas abiertas" contada por él mismo y que hoy les comparto en texto y video para los amigos de Caminos de Vida.
Mi nombre es César Augusto Vargas Rodríguez, soy profesor de matemática y vivo en la ciudad de Arequipa y quiero contarles mi historia, y se darán cuenta que el tiempo vale más que el dinero. Yo estoy dedicado a los deportes desde hace algunos años atrás.
Me di cuenta que durante la secundaria todos preferían dedicarse al futbol y yo tenía dificultades para jugarlo.
Hasta que me di cuenta que en el agua a mí nadie me ganaba, entonces me dedique a la natación.
Pero la mayoría de adolescentes al terminar los estudios secundarios tienen que comenzar con su preparación para seguir estudios superiores y se olvidan de los deportes, y una vez que ingresan a una universidad, la época de seguir un estilo de vida saludable pasa a la historia. Yo ingresé a la universidad, para estudiar educación y ser profesor.
Tenía que estudiar bastante y también seguí entrenando natación, algunos años después con algunos amigos más, comenzamos a entrenar polo acuático (waterpolo) y teníamos como base del entrenamiento a la natación.
Durante algunos años, hasta que en el año 2000 vi de casualidad por la televisión un evento deportivo diferente, se trataba de la realización del triatlón “Inkaman”, el triatlón es un deporte combinado y de resistencia que consiste en que un mismo deportista debe nadar, luego hacer ciclismo y finalmente correr. En octubre del 2000 se realizó un triatlón en la ciudad de Arequipa y aunque no gané, pude terminar y me di cuenta que podía cambiar de deporte.
Para ese entonces yo había terminado la universidad y estaba trabajando como profesor, solo que tuve que trasladarme a trabajar a otra ciudad y no pude dedicarme a este deporte hasta el año 2004, pero me mantuve entrenando.
Estuve averiguando si en Lima o en otra parte del Perú había gente que también practicaba triatlón y los encontré, en junio del 2004 participé con varios deportistas de Lima en una competencia en la ciudad de Arica (Chile) y a partir de entonces he seguido en el deporte. Una competencia de triatlón es como un campo de batalla, en la cual todos los deportistas participantes somos como unos “guerreros”, tenemos que librar una batalla contra nosotros mismos y contra los demás competidores, tenemos que ser valientes, porque sólo los valientes sobreviven en el mundo de los triunfadores.
Tienes que comenzar a nadar, a veces en un mar con agua fría por el invierno en nuestra costa; luego tienes que salir y subirte a una bicicleta y pedalear varios kilómetros, cambias de deporte, tienes sed, te agobia el calor, no te puedes rendir; y por último te sientes cansado y tienes que correr algunos kilómetros, te dan ganas de abandonar, de retirarte, pero no puedes hacerlo, hay que seguir, seguir, pasar la meta y lograr la victoria.
Durante los siguientes años he seguido compitiendo en triatlón y como yo empecé en la natación desde muy joven, también he participado en competencias de nado en aguas abiertas en el mar y en los últimos años he nadado en el lago Titicaca. Espero que hayan disfrutado de mi historia, es que cuando hay cosas que te gusta hacer, no puedes renunciar a ellas, aunque no te pagan por hacerlo, disfrutas mucho hacerlas, es por eso que el tiempo vale más que el dinero.
Esta es la historia de Patrick Henry Hughes de Louisville, Kentucky en EEUU; contada por su papá y cuya reseña la publicamos en textos y video para los amigos de Caminos de Vida.
Patrick nació sin ojos y sin la capacidad de estirar completamente los brazos y las piernas, creció sin poder caminar, postrado en una silla de ruedas y sin embargo desde muy pequeño a la edad de nueve meses empezó a tocar el piano y luego desarrolló la habilidad de tocar otros instrumentos musicales que lo ha convertido en un músico multi-instrumental.
A pesar de las circunstancias que pueden parecer abrumadores, Patrick ha superado estos problemas físicos para sobresalir como músico, estudiante, actor y orador público. Además toca el piano, la trompeta y canta.
Incluso participaba en la Universidad de Louisville en el "Marching Band" con la ayuda de su padre, Patrick John Hughes, quien sin descanso apoya a su hijo haciendo las maniobras de su silla de ruedas en las formaciones con más de 200 miembros músicos de la banda.
Este compromiso visible atrajo a una multitud cada vez mayor y la atención de los medios durante toda la temporada de fútbol en el otoño del 2008, y el par de Patricio fueron destacados en una variedad de periódicos y la televisión. Patrick Henry fue invitado posteriormente a tocar el piano y cantar en espectáculos musicales en todo el país, incluyendo dos presentaciones en el Grand Ole Opry , el escenario y actuaciones con Pam Tillis , Lonestar , Brody Lane , Chad Brock , Faith Hill y Bryan White.
De esta experiencia de vida Patrick ha escrito un libro con la ayuda de su papá que lo ha titulado "I am Potential" "Ocho lecciones para vivir, amar y lograr sus sueños" es un libro inspiracional y trata sobre los retos de la familia, de su papa y de su mamá para superar circunstancias y obstáculos. Su mamá Patricia llevaba una carga pesada en ese entonces, y se hizo aún más pesado por las palabras sin pensamientos o acciones de los demás.
La gente se reffería a Patrick Henry como "el bebé deforme". O las indirectas cuando preguntaban "¿Puede incluso sonreír?" claro que, ella respondía cortésmente pero haciendo un esfuerzo considerable para mantener el tono de su voz.... "Por supuesto que no se puede sonreír! Él es ciego, paralítico! Y él es un bebé muy feliz, y sonríe cuando quiere, al igual que todos los bebés."
Patrick no tenía conocimiento sobre el tipo de tratamiento, pero su mamá Patricia había experimentado tratar con los expertos y aceptar lo que ellos le decían, que la situación de Patrick era la de ser ciego y paralítico. Ella había acumulado ira en su interior hasta que se abrió con él durante una noche. Entonces sucedió algo inusual, algo inusual para ella. Ella explotó. Algo dentro de ella había llegado al punto de ebullición, y sólo tenía que salir. "¿Sabes qué?" -exclamó. "Yo soy fuerte!. Tal vez mi hijo no está progresando como los demás niños, y tal vez no será una estrella del deporte o un cirujano grande algún día. Tal vez incluso nunca será como todos los demás. Pero yo voy a decir esto ... que va a ser todo lo que es capaz de ser. "
Patricia cree que no hay tiempo ni lugar para la auto-compasión. "Cuando la vida te golpea en el suelo, te levantas y sigues adelante, porque nadie más lo hará por ti." Algo que también nos ayudó en ese momento era la constatación de que otros padres de niños más típicos tienen sus propios problemas y preocupaciones. Ellos se preocupan por lo bien que hacen sus hijos en la escuela y lo que van a asistir a la universidad, o lo bien que están haciendo en el campo de juego. Para nosotros, era cada vez más evidente día a día que fuimos bendecidos con sólo concentrarse en los elementos humanos más básicos "simplemente amar a nuestro hijo sin quedar atrapados en los asuntos triviales que preocupan a muchos padres. Lo que es más, hemos sido capaces de ver cada pequeña victoria con Patrick Henry como otro de los milagros de Dios."
Esta es la historia de Paola Rosado, representa a muchas mujeres que emprenden el reto de criar a un hijo, a veces solas, a veces incomprendidas pero con la fuerza interior que le da tener un hijo, ahora ella cuenta la hermosa lección de vida de su experiencia al vencer las circunstancias, los obstáculos, juntos, inseparables, ella y su tesoro más valioso: su hijo. A continuación el texto y el video para Caminos de Vida
Muchas veces frente a una separación y después de una convivencia de varios años vienen los problemas legales y más si hay un hijo de por medio, muchas veces pecamos de confiados y finalmente debemos hacernos responsables de montos y deudas exorbitantes, las famosas cuentas a pagar, sin pensar en esos problemas asumí el reto de ser lo que la sociedad denomina convertirme en una “Madre soltera”…curiosa forma de llamarme.
Muchos me criticaron, "conserva tu convivencia" decían, por los hijos se aguanta todo, pero en mi terquedad y armada de valor un día decidí dar el gran paso, empezar de nuevo solos, mí hijo y yo, en mi caso con responsabilidades dobles, ya que sería la única que se dedicaría a sus cuidados, de traer el dinero a casa, pues esa es la realidad de nuestra sociedad, además de trabajar, iniciamos nuestro retro y digo nuestro, pues los dos tuvimos que experimentar los cambios; la guardería, las limitaciones económicas, las nuevas personas a conocer, pero sobre todo el fuerte deseo de seguir unidos a pesar de tener que separarnos, así pues él en su guardería y yo trabajando mientras a mil por hora, en tanto ángeles me lo cuidaban, muchas veces iniciábamos ambos nuestros días a las 5 de la mañana, pero debió de ser así tratando de acostumbrarnos a una nueva rutina, han pasado algunos años, y puedo decir luego de los desvelos y de una ardua labor; que he pasado la barrera, hoy miro atrás y sé que lo más valioso en la vida es mi hijo, mi tesoro, hemos crecido, tanto en conocimientos y en experiencia de vida.
Comparto con él todo el tiempo que puedo, estoy presente en cada uno de sus logros, tenemos concursos ganados por nuestra habilidad e ingenio, y saben que ello se logra con perseverancia y con no dejarse amilanar, como le digo a mi hijo "sí se puede", nosotros lo pudimos y lo podremos todo juntos.
En Caminos de Vida presentamos otra Lección de Vida cuyos textos y video se publican a continuación, la historia fue presentada originalmente al concurso de Interbank "Historias de Tiempo" quedando entre las cinco finalistas.
Su nombre es Gustavo Llave, nació en Lima el 18 de Febrero de 1962. Viene de una familia de ingenieros.
Su infancia se desarrolló en una amplia casa en Chacarilla del Estanque, en Surco. Estudió en el Colegio Humboldt. Su padre, un reconocido ingeniero civil formó a sus hijos con la idea de ser profesionales, triunfadores y emprendedores como él. Sus dos hermanos mayores optaron por la ingeniería civil y él estudió arquitectura en la Universidad Ricardo Palma. Una de sus hermanas tenía Síndrome de Down y por ser los dos casi contemporáneos en edades, pasában juntos la mayor parte del tiempo. Jugában mucho y siempre Gustavo, trataba de trasmitirle todo lo que iba aprendiendo. Sabía que debía tener mucha paciencia con su hermanita y sobre todo mucho amor. Sin quererlo, fue entrenándose para lo que sería un capítulo posterior de su vida.
Un día llegó a su casa su tío abuelo que era mago e hizo unos trucos de magia para deleite de todos los niños de la reunión. El sembró en su Ser la semilla de la magia, afición que la fue perfeccionando poco a poco, comprando libros y aprendiendo más y más. Se graduó de Arquitecto, pues quería enorgullecer a su padre y a la gente de su entorno.
Una institución de la Iglesia Católica cercana a su círculo familiar, lo invitó a realizar labores educativas en sus colegios. El aceptó con agrado la labor encomendada.
Le encantaban los niños y es que su corazón sigue siendo niño. En las clases, le encantaba aplicar efectos de magia para que sus alumnos de primaria entendieran mejor algunos conceptos teóricos de algunos cursos: por ejemplo, al explicar la falta de gravedad en el espacio, hacía volar entre sus manos un pedazo de papel...
Sus alumnos lo llenaban de vida y hacer algo en bien de los pequeños es maravilloso! Pasó 13 años de su vida como profesor y se dió cuenta que tenía que seguir a su corazón y después de 25 años de vivir con esta institución religiosa , descubrió que podía darse a Dios de otra manera y ser también feliz haciendo feliz a los demás, sobre todo a los niños.
Al salir de allí, se casó y formó una maravillosa familia. Mirando para adelante, siguió una vez más a su corazón y con el apoyo de su esposa se embarcó en la aventura de ofrecer sus servicios como mago infantil. Han pasado ya diez años desde su primer show de magia pagada y le ha ido tan bien que, desde entonces es Mago Infantil de profesión y de corazón. Su nombre artístico es Tabhini.
Siempre está rodeado de niños y le encanta! Hace lo que le apasiona: Magia! Las personas notan que le gusta lo que hace y tiene éxito haciéndolo, porque cuando haces lo que te gusta, se nota, lo disfrutas; “ejemplo de que en la sonrisa de las personas está la esencia de la vida”. Tal vez con la arquitectura hubiera podido tener mucha fortuna, pero no hubiera tenido tiempo de gozar a su familia ni de seguir con su gran afición.
Ahora, él se dedica a sus shows y vive bien, tiene todas las comodidades que una persona de su condición socio económica puede anhelar y sobre todo tiene el tiempo que desea para dedicarlo a lo que quiere y ama realmente.
En el concurso que organizara Interbank "Historias de Tiempo El tiempo vale más que el dinero" la historia contada sobre el amor por los animales, fue una de las que tuvo mayor votación. Es el sueño de un adolescente que se dio cuenta que su vocación estaba en ayudar a otros, en este caso a los más débiles y poco a poco está logrando hacer ese sueño realidad. El sabe que el tiempo vale más que el dinero, por eso aprovecha su vida haciendo lo que más le gusta que es ayudar a sus hermanos menores, los animales.
A continuación para Caminos de Vida, el texto y el video con las lecciones de vida contadas por su protagonista, Fernando Moreno nacido en Lima el 20 de Julio de 1991...aquí su historia.
"Desde chico siempre he sentido un gran amor por los animales y una inmensa pena de ver a los animales abandonados en las calles. Crecí rodeado de una situación que parecía no cambiar, no veía a nadie preocuparse en verdad por estos seres tan nobles que dan su cariño gratuitamente.
A la edad de 14 años de forma tímida pero decidida empecé a transformar el sueño de hacer una asociación protectora de animales, en realidad yo quería formar y poder encaminar un grupo de personas solidarias que apuesten por hacer campañas que den como fruto un cambio en las vidas de los animales de nuestro país.
Empezó como un proyecto de colegio que ganó por 2 veces consecutivas la feria de ciencias de mi colegio, luego de un tiempo el Grupo Caridad se constituyó como asociación y se inscribió en los registros públicos.
Fernando empezó a pensar en grande y empezaron con un programa de esterilizaciones gratuitas para las mascotas de personas de escasos recursos. Luego de haber esterilizado 300 animales, la Humane Society International, el mayor organismo internacional decide dar su apoyo con entrenamiento y capacitación y fondos para que continúen las campañas de esterilización gratuitas y las campañas educativas."
Recurso Recomendado
Al día de hoy ya se han esterilizado más de 2200 animales gratuitamente gracias a dicho programa, y el Grupo Caridad es uno de los proyectos principales de la Humane Society International para Latinoamérica.
Además de contar con el apoyo de Dogstrust UK. Actualmente, el Grupo Caridad es considerado como la asociación protectora de animales más importante del Perú y Fernando Moreno se encuentra buscando fondos para comprar un terreno y construir el ‘’Refugio Caridad’’ que será un moderno centro de adopciones para animales abandonados que no tendrá nada que envidiar a los refugios de países desarrollados.
Son más de 70 socios colaboradores que colaboran mensualmente para hacer este sueño realidad, y varios empresarios se han sumado con sus donaciones para hacer realidad el ""Refugio Caridad"". Después de un arduo camino Fernando Moreno con el Grupo Caridad ha logrado mover masas y motivar en muchas personas el sentimiento de respeto y amor hacia los animales.
Costó mucho esfuerzo, sacrificio y dedicación sacar adelante el grupo de ayuda a los animales.
He tenido reuniones con los líderes de las asociaciones protectoras de animales más importantes en el mundo y con el presidente de la HSUS, organización protectora de animales con un presupuesto mayor a 180 millones de dólares para discutir el tema de mejorar el bienestar de los animales en Perú. Hemos aparecido muchas veces en los medios de prensa. En Somos, en Mi Hogar, en El Comercio hicieron una entrevista de una página completa, y repetidas veces se han publicado notas en La República sobre el Grupo Caridad.
Mi preocupación es por la salud de las mascotas que son las que más interactúan con los niños, y sobre todo por proteger a estos indefensos que saben dar amor a tantas familias.
Sé que cada momento de mi vida y todas las horas que dedico a la labor que hago valen y valieron la pena, porque las invierto en lo que más me gusta hacer, que es mi razón para vivir. Mucha gente dice que pierdo el tiempo trabajando gratis, pero yo sé que lo más valioso en la vida es el tiempo que disfrutamos haciendo lo que queremos".
Esta es la historia del montañista peruano que escaló el Everest llegando a tan solo 500 metros de la cima sin usar oxígeno en un ejemplo de perseverancia y tenacidad. Su testimonio lo presentamos en vídeo para nuestros amigos de Caminos de Vida.
A sólo cinco cuadras del punto más alto de la Tierra, la cima del monte Everest, estoy a la espera de una ventana de buen tiempo para hacer un intento final para llegar a la cumbre.
No queda casi nadie en ésta, la más grande de las montañas. La tormenta que ha expulsado a los demás alpinistas no cede. Hielo y nieve como agujas heladas a más de cien kilómetros por hora golpean mi traje.
Consulto mi reloj: llevo treinta horas esperando protegido tras una roca. El rugido del viento me recuerda cómo llegué a este lugar y a esta vida extrema. Mi familia quería que ingresara a la Fuerza Aérea Peruana.
La idea de ser aviador y pilotear mi propio avión me atraía, yo aún no sabía por qué. Pero comportarme según las órdenes superiores y formar parte de una fuerza bélica no terminaba de gustarme y eso se dejó traslucir en la entrevista final, que no aprobé. Por un tiempo dudé entre hacerme piloto de aviación comercial y marino mercante, para sentir que podría ser libre y viajar por el mundo.
Esa era la libertad que quería desde muchacho, la extraña libertad que ejerzo ahora junto a una piedra helada, esperando que pase una tormenta a ocho mil metros de altura: la libertad de estar haciendo lo que quería.
Las realidades de la vida en los noventas me empujaron a estudiar algo más realista y opté por estudiar ingeniería industrial, pero esta en esta aventura apenas duré dos años. Me faltaba interés y motivación. Yo estaba seguro de que tenía que hacer algo más importante con mi tiempo que perseguir un empleo de oficina y un salario. Entonces decidí darme a mí mismo ese tiempo, que usé para viajar por el Perú y conocer sus maravillas.
Ese tránsito a un mundo que yo no había imaginado tuvo un efecto de dotarme de equilibrio y de alimentar mis deseos de aprender y conocer más. Entre mis viajes estudié administración turística, inglés, fotografía, francés, computación… hasta que esa búsqueda al azar terminó por revelarme lo que sería mi propio espacio, el lugar y el tiempo en los que yo podría ejercer mis valores y ser, por fin, yo mismo.
Llegó a mis manos un aviso sobre un curso básico de montañismo que dictaba el Club Andino Peruano y me inscribí en él. Sufrí y disfruté en ese curso como pocas veces antes. Había encontrado mi lugar y una comunidad de gente valiente y valiosa con la cual compartir ideales, aventuras, sueños, triunfos. A medida fueron pasando los años continué practicando la escalada en roca y poco a poco derivé hacia el alpinismo.
Los retos que planteaban las altas montañas parecían atraerme más: el clima, el estado de la nieve y el hielo, el descubrimiento de una nueva ruta por un flanco desconocido. Porque el montañismo consiste, principalmente, en su estilo. El estilo lo es todo. Llegar a la cima es mucho menos importante que cómo se ha llegado. El mejor estilo es más meritorio y esto significa limitar el equipo al mínimo y elevar los retos al máximo. Y esta frase resume perfectamente lo que yo quería hacer con mi tiempo, lo que estoy haciendo con él.
Por este camino llegué a hacerme profesional. Estudié para ser guía en el Centro de Estudios de Alta Montaña, en Huaraz. Descubrí que yo no necesitaba ser piloto, o marino, o ingeniero para disfrutar de los beneficios de una profesión y mantener en alto mis prioridades y valores. Que la riqueza de las cordilleras de mi país me permitía un trabajo como guía de montaña al nivel máximo de mis capacidades. Y esa ruta de crecimiento personal me llevó un paso más lejos, al Himalaya.
Soy ahora Presidente del Club Andino Peruano, y un guía internacional de alta montaña miembro de la muy reconocida y respetada Unión Internacional de Guías de Alta Montaña. El viento ruge junto a mi roca. Llevo aquí treinta y un horas. En esta época de calentamiento global y deterioro del clima las montañas enfurecen, y las condiciones en el Everest son particularmente duras. La acumulación de nieve con la que he luchado más abajo es enorme. Sólo algunas expediciones comerciales han llegado a la cima, regresando con congelamientos.
Han muerto un checo y un canadiense; un noruego desapareció durante tres días y felizmente fue encontrado con vida. Mi ánimo sigue fuerte, pero he bajado muchos kilos, siento el cansancio, la sed, el desgaste. El monte Everest me está arrojando todo lo que tiene y no quiere dejarme pasar. Pienso: ¿qué estoy haciendo aquí? Pienso en mi hijo, en mi familia, mis amigos. Pero me anima saber que estoy haciendo exactamente lo que sé hacer mejor con mí tiempo: escalar montañas. En mis términos. En mi propio estilo: solo, sin oxígeno, sin cuerdas, sin ayuda. La cima del monte más alto del mundo se eleva a casi nueve kilómetros de altura justo en la frontera entre Nepal y el Tibet.
Cada año, una veintena de expediciones se propone llegar a la cima; sólo unos pocos afortunados lo logran.
La tasa de accidentes fatales es alta. Escalarlo suele ser una propuesta inaccesible para la mayoría de las personas: el sueño final, el epitome de lo que es tan difícil de alcanzar que parece imposible. Contra ese imposible se montan las expediciones comerciales, provistas de mucho dinero, ayudantes y equipo. La tarea de estas expediciones es llevar a media docena de clientes adinerados hasta la codiciada cima, facilitándoles escaleras, puentes, oxígeno embotellado.
Pero pese a su éxito comercial actual, escalar el Everest no es el festivo carnaval de adrenalina que muchos pudieran creer. Trepar a pie a la altura de vuelo de un Jumbo (metros más, metros menos) es más bien un ejercicio budista de resistencia, de testarudez, de paciencia y resistencia al castigo. No gana el arrojado, sino el metódico; no el atleta formidable, sino el juicioso experto. Semana tras semana estamos metidos en una carpa soportando dolor de cabeza y comiendo comida sintética. La ascensión se vuelve un prolongado ejercicio de miseria física y moral. Dormir es un lujo inaccesible. El apetito desaparece; el cuerpo se consume a sí mismo: brazos y piernas se adelgazan hasta parecer palitroques. Un simple corte en los dedos se rehúsa a cicatrizar y sigue sangrando durante semanas.
Y todo esto es cuando hay buen clima. Porque, debido a su altura y latitud, el triángulo final de roca caliza que constituye la cima del Monte Everest es también el único lugar de la Tierra donde llegan a golpear alguna vez las jet stream, las atronadoras corrientes de chorro que rodean el planeta y marcan el final de la troposfera, que es la parte de la atmósfera donde vive la gente. El "jet stream" es una tripa de viento, un delgado salchichón de aire a 400 o 500 kilómetros por hora que sube, baja y chicotea de manera tan impredecible como la manguera contra incendios que se le escapa de las manos al bombero.
Al desgarrarse contra la piedra el viento ruge como un escuadrón de 747s volando bajito. No hay en el mundo civilizado tormenta, tornado ni huracán que se le parezca. De vez en cuando la corriente de chorro le pasa cerca a un montón de alpinistas y es como apuntar una manguera de inflar llantas sobre el cono de un hormiguero, con resultados igualmente trágicos. Nueve por ciento de los escaladores jamás regresa. Y aquí, junto a mi roca helada, mientras espero, siento que el viento aumenta. Es el jet stream que se aproxima e intenta arrancarme de la ladera.
Con todo lo valioso y difícil que puede ser el Everest acometido de manera “normal”, estoy haciendo un esfuerzo adicional –o mejor dicho, dos- para que mi propuesta sea diferente. He descartado el uso de oxígeno embotellado, y he decidido escalar sin estar amarrado a un compañero. He llegado a depurar la técnica requerida con experiencia y mucha paciencia. En octubre de 2006, con Koki Gálvez, llegué a la cima del gran Shishapangma (8027 mt) sin el empleo de oxígeno auxiliar; y en 2007 ascendí el todavía más alto monte Cho Oyu (8201 mt) sin oxígeno y en solitario.
En 2009 estuve aquí mismo a solas en el Everest, probando hacer las cosas en este estilo puro. Aquella vez las tormentas me impidieron la cima, pero volví con vida y con las posibilidades abiertas para seguir esforzándome sin claudicar ni buscar estafarme a mí mismo comprando la cima y el mérito con dinero. Hace ya demasiado frío aquí junto a la roca cubierta de hielo y que ya no me ofrece ningún abrigo. Van treinta y dos horas y corro el riesgo de perder los dedos de manos y pies por congelamiento. Voy a dar la vuelta, voy a volver al Perú, a mi familia, con vida. Esta poderosa montaña seguirá aquí durante mucho tiempo, y yo estoy seguro que volveré a mirarla a los ojos. Pero en mis propios términos. Porque para los que saben fijarse metas elevadas, el tiempo vale más que el dinero.
Esta es una historia contada en el marco del concurso convocado por Interbank "Historias de Tiempo, el tiempo vale más que el dinero" desconozco quien narra la historia, sin embargo la lecciones que se pueden sacar son muchas siendo la más importante su persistencia para lograr su sueño y la visión que tuvo de llevar los sonidos de la música andina de Perú a todo el mundo, es un éxito con lecciones de vida para aprender.
La sencillez de su conversación y su carácter amable no despertaron mayor asombro en mí, salvo el de descubrir una persona buena y así fue como con el tiempo llegamos a hacernos amigos.
Pasados unos meses y por curiosidad natural, un día le pregunté a Lucho sobre sus orígenes, de dónde venía, qué camino había tomado su vida hasta que llegó aquí.
Entonces comencé a descubrir la verdad insospechada detrás de Lucho: había nacido en Lima, donde pasó su infancia juguetona de manera ordinaria hasta que su hermano enfermó de asma y toda la familia tuvo que mudar su vida a la ciudad de Huancayo y su aire puro.
Lucho - me lo contó de manera especial – no conseguía hallarse fuera de la capital y los niños de su infancia en Huancayo tenían juegos que no entendía; sobre todo la afición insólita de divertirse en el recreo escolar llevándose zampoñas a los labios y ejecutar piezas simples de música andina.
Sin embargo, por una necesidad urgente de acoplarse a la nueva mancha, Lucho comenzó a aprender la música de los Andes, a hacer de una quena lo que una pelota de fútbol era para un niño de Lima.
Así comenzó su romance con la música peruana, así fue como descubrió de casualidad una pasión de la que nunca pudo desprenderse y alimentó hasta cuando volvió a la capital y, en secreto, por el resto de su vida. Lucho, me lo contó bajo mi incredulidad, había sido un recto estudiante de Administración de Empresas y Comunicaciones.
Lucho se transformó en un aplicado profesor universitario, enseñando en la Universidad Católica a jovencitos lo que había aprendido en las aulas sobre imagen y sonido.
Recurso Recomendado
Yo misma, confieso, me hubiera plantado a perseguir una vida tranquila y segura en los pasillos de una facultad. Pero cada quien tiene su propio ingenio para plantear sus retos y su propia fuerza, y cuando no locura, para perseguir sus sueños.
Lucho, nadie lo podría adivinar dentro de la comodidad en la que vivía, decidió jugársela por un sueño inconfesado y que fue gestando en silencio desde niño.
Un buen día dijo adiós a los amigos, a su tierra y dijo que se iba al extranjero, a desarrollar un proyecto que nadie entonces entendía bien, que sólo funcionaba en su cabeza y sonaba surrealista por no decir imposible.
A la distancia sus amigos supieron de Lucho por las noticias: de lejos llegaban los cables de un peruano que luego de recorrer miles de kilómetros y ensayar diversos idiomas había concretado el increíble proyecto de enseñar la música peruana a músicos destacados de todas partes del planeta; y que había montado un espectáculo musical que recibía el aplauso unánime de teatros llenos, el asombro de los mejores críticos de música del mundo y el reconocimiento de la Unesco como el mejor proyecto de fusión cultural visto en toda su historia.
Lucho había logrado que nuestra música - el sonido de los andes, la picardía del festejo y la cadencia del vals costeño - fuera tocada por manos vietnamitas, turcas, chinas, canadienses, venezolanas, colombianas; que los sonidos de nuestro Perú hayan conquistado los corazones y oídos del mundo como pocos y a un nivel tan alto. Lucho sabía que ese sueño infantil no lo dejaría en paz hasta materializarlo, que tenía una deuda pendiente con su pasión real y con la música de su tierra que amaba tanto, y que sentía que debía mostrársela al mundo.
Sólo basta poner su nombre en internet para que cualquier peruano se sienta, no solo orgulloso, si no capaz de hacer posible lo que sea. Así de simple y poderoso, ese fue su sueño, su pequeña obra que fue construyendo a solas hasta que llegó el reconocimiento justo, giras internacionales, premios y luego el interés por el famoso Circo del Sol - quienes no sólo se autoproclaman admiradores de la música de Lucho si no que le pidieron grabar algunos extractos para su espectáculo internacional - y ahora hasta se realiza una película sobre toda esta increíble historia que ya está ganando varios galardones internacionales.
Lucho vive en Perú, su música da vueltas por el mundo, y lo más importante: darse cuenta que, cuando todo parecía no tener sentido, y sonar imposible, él supo tercamente que el tiempo y la paciencia harían realidad su sueño.
Que el dinero está bien, pero los sueños no se construyen con él y cada hombre tiene la obligación de buscar su felicidad, una felicidad que se levanta de a pocos, día por día."