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lunes, 2 de mayo de 2011

Lecciones de Vida Mi padre y el tiempo

Esta es la historia de la Comunidad de Niños Sagrada Familia contada por uno de los hijos de su fundador Miguel Rodriguez Candia. Corría la década del 80 y un acontecimiento cambió la vida de Miguel, en medio del dolor le permitió dar una mirada diferente a la situación en que vivían los niños de la calle y se propuso crear y  construir una Comunidad que alberga y presta apoyo a los niños olvidados, cuidándolos, alimentaándolos y protegiéndolos del alto riesgo que significa vivir en las calles de la ciudad limeña. 
Para los amigos de Caminos de Vida la historia en textos y video de esta obra de amor.

Tenía cuatro años. Mi segundo hermano nació y con él nuestra vida tomaría un nuevo rumbo. En su corta estadía, nos enseñó a valorar la vida y lo que es realmente esencial. Juan Miguel nació con un problema cardiaco que apagaría su vida a los seis meses de nacido. Aún recuerdo el dolor de mis padres, sus largos silencios, su impotencia, su rabia, ese vacío en sus ojos que creían no se volvería a llenar. La partida de Juan Miguel nos abrió los ojos a todos y gracias a ello descubrimos cosas nuevas.

Mi padre el día que falleció mi hermano, observó la necesidad y miseria de muchos niños en la calle. Asumió el compromiso de  brindarles una mejor calidad de vida a unos pequeños apostados en la Plaza San Martín. En un principio en la camioneta de mi papá nos llevamos a 8 niños. Ya no éramos 5 en la familia. Ese día éramos 13 y con el paso de los días seríamos mucho más.

Al ser una familia numerosa, tuvimos que mudarnos a otro lugar. Mi padre vendió todo lo que tenía y compró un terreno en el kilómetro 35 y medio de la Panamericana Norte, Ventanilla.  Su profesión de psicoterapeuta la fue dejando de lado para darle forma a este proyecto que nació hace 21 años.

Junto con mis nuevos veintitantos hermanos, construimos una casita de madera que nos pudiera albergar. Muy pronto tuvimos que ampliar el lugar donde estábamos porque seguían llegando nuevos miembros de la familia. Mi padre nos enseñó lo bello que es dar y ser agradecido con lo que se recibía. Mis hermanos (2 de padre y madre) y los hermanos que llegaban eran recibidos con los brazos abiertos.

Mis padres perdieron un hijo, no por falta de dinero ni de amor. A mi padre eso se le quedó muy grabado, al ver que había niños que se morían por falta de amor y cuidados, dejados a su suerte en la calle. Apoyado por mi madre se propuso darles una mejor calidad de vida a los niños que recogía o llegaban al albergue.

Un sueño y mucho amor era lo que les daba fuerza para seguir adelante con su obra. Cientos de niños, cada uno con una historia por escribir, pasaron por el albergue.

Las paredes seguían creciendo y el albergue “Comunidad de Niños Sagrada Familia” se hizo más grande. Actualmente son 850 niños. Aquí mis padres les enseñaron a leer, les prodigaron los mismos valores con los que crecí junto a mis 2 hermanos de sangre.

Los talleres que se construyeron con mucho esfuerzo (panadería, carpintería, música, costura, cerámica, danza y teatro) sirvieron para enseñarles un oficio y para que ayuden a mantener a sus otros hermanos.

El tiempo que les fue concedido a mis padres lo han sabido aprovechar. Tengo veinticinco años ahora. Crecí con cientos de hermanos y pronto traeré a este mundo a una nueva vida que procuraré aprenda los valores inculcados por sus abuelos. No hay nada más valioso que vivir la vida haciendo un buen uso del tiempo.

Mis padres siempre dicen que no hay que preocuparse pues con tiempo y esfuerzo todo se puede lograr. Miguel Rodríguez mi padre es prueba viviente de ello. El amor y apoyo incondicional de mi madre es su combustible para construir pieza a pieza su sueño.

El amor y la fe todo lo pueden. Para atender las necesidades médicas de los niños, gracias a donaciones y dinero ahorrado de los talleres, se construyó la “Clínica Madre Coraje”. Para educar los hombres y mujeres del mañana construyeron el colegio “Madre Coraje”. Ambas instituciones están al servicio de mis hermanos y de la comunidad.

Mis padres me enseñaron a ayudar, a no discriminar, a ganarme cada cosa que he conseguido en mi vida, a perseguir mis sueños, a no desperdiciar mi tiempo y mis energías, pero la mejor enseñanza que me dejaron es: ser feliz.

1 comentario:

  1. Tendrías más información sobre la comunidad y el fundador?

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