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martes, 6 de diciembre de 2011

Metafora Apegos segunda parte


Cierto día un rico industrial de la pesca encontró a un pescador tranquilamente recostado en su barca fumando una pipa; horrorizado le preguntó: "¿porqué no sales a pescar?".
"Porque ya he pescado bastante por hoy", respondió el pescador. 
"¿Y porqué no pescas más de lo que necesitas?", insistió el industrial.
"¿Y qué iba a hacer con ello?", preguntó a su vez el pescador.
"Ganarías más dinero y podrías ponerle motor a tu barca, así podrías ir a aguas más profundas y pescar más veces. Con eso ganarías más dinero y podrías comprar otra barca y luego toda una flota, entonces serías rico como yo"
"¿Y que haría luego?",  preguntó el pescador
"Podrías sentarte tranquilamente y disfrutar de la vida"
"¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?", respondió el satisfecho pescador.

Dicen los sabios que la verdadera causa del sufrimiento humano es el deseo y el apego, cuando deseamos algo de modo vehemente e incontrolable, cuando la presencia de alguien nos es imprescindible, cuando algo o alguien se ha convertido en el eje o en motor de nuestra existencia, entonces nuestra vida pierde su equilibrio; surgen la inseguridad, el temor y las actitudes posesivas, egoístas o ambiciosas. 

Sin darnos cuenta vamos perdiendo la libertad para ser nosotros mismos, para crecer y alcanzar nuestras metas y esto nos sucede cuando una persona, que puede ser nuestra pareja, hijos, padres, o un amigo, se transforma en el centro de nuestro mundo y todo gira a su alrededor, cuando es la fuente de seguridad y alegría; cuando no toleramos la idea de alejarnos de ella o de perderla. 

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